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ANDRÉS MATTHEY: PASIÓN, ARTE Y GENIALIDAD

Por Ignacio Psijas

Fotos por Rodrigo Montecinos y Héctor Rodríguez

Qué duda cabe, el tiempo avanza sin freno, como el viento, dejando con ello personajes que pese
a su corto paso por el planeta Tierra, marcaron una huella imborrable que permanece a fuego en
nuestra retina.
Para quienes seguimos desde hace múltiples años los pormenores del rally nacional, uno de esos
seres humanos que sigue estando en el recuerdo permanente es Andrés Matthey Rosa, destacado
diseñador y fotógrafo que dejó escrita con distinción su firma como uno de los artistas gráficos
más talentosos en las rutas y pistas del automovilismo nacional.
Un desgraciado accidente acaecido el 12 de mayo de 2013 en el Rally de Osorno puso fin a la vida
de Andrés, pero a diez años de su partida todos quienes tuvimos la fortuna de estar cerca de él lo
seguimos sintiendo presente entregándonos ese arte, carisma y sencillez tan especial que lo caracterizaban en el día a día.
Matthey, cuyo legado fue destacado por el productor del RallyMobil Felipe Horta Cáceres en la
reciente fecha de Laja-San Rosendo, dejó escrito a fuego su estampa como un ser humano único,
cercano y generoso, y un profesional de primera, creativo y vanguardista, atributos dignos de
elogio que nos han motivado en Rally Chileno a rendir un humilde tributo y poner en perspectiva
el aporte que brindó Andrés en sus 42 años de intensa vida.
Para ello es que reunimos los testimonios de cuatro personas que conocieron muy de cerca a
Andrés, y quienes desde distintas veredas recogieron innumerables experiencias que hoy comparten junto a toda la familia del rally nacional.
Saludos eternos Andrés Matthey, siempre en el corazón de los apasionados por el deporte motor
Este homenaje es para ti.

María Andrea Flores, viuda de Andrés Matthey
“Siempre está en mi corazón”
“El vínculo con Andrés nació en mi era con Nissan Marubeni. Por aquel entonces estaba a cargo de
la Copa Tiida y junto a Matías Horta (uno de los pilotos de aquella categoría monomarca) empezamos a trabajar con Andrea Gabutti, quien además de ser piloto de rally tenía su empresa Gabutti Corse. El asunto es que Andrés era íntimo de Gabutti, ya que era su fotógrafo en el rally.
Ahí se dio el nexo para conocer a Matthey, hicimos buenas migas de inmediato, nos convertimos en amigos, surgió el amor y en pocas semanas ya teníamos una relación.
Nos encontramos en un momento de nuestras vidas ideal, ya que ambos estábamos sanados del proceso de ruptura de relaciones anteriores. Recuerdo que Mauricio González, mi jefe en Nissan, me regaló dos entradas para ir ese mismo día al Festival de Viña y esa fue la plataforma perfecta para estrechar el vínculo. Andrés aceptó la invitación en 2 segundos y de ahí no nos separamos nunca más. Todo se dio de forma muy rápida, tanto así que en apenas una semana de relación ya comenzamos a hablar sobre la posibilidad de contraer matrimonio.

Desde el momento en que lo conocí hasta el día de su partida solo pasaron alrededor de 2 años y
medio, un periodo súper intenso en el que hicimos muchas cosas juntos, varias de ellas conectadas al ámbito de las carreras, tanto con Nissan como luego con la empresa Claro.
Desde mi entrada a Claro (año 2011) estuve bien metida en el ambiente del rally, ya que ellos auspiciabas al equipo Orión. Hicimos un muy buen nexo junto a Matías Pilasi y Pablo Vargas Zec, y junto a ellos se dio la posibilidad de apoyarlos con Claro en el plan de armar un nuevo equipo (Seisigma Competición). En todo ese proceso estuvo inserto Andrés, quien además a partir de 2012 cumplió también labores como diseñador para el team.
Si bien fui despedida de Claro a inicios de 2013 justo en el momento que la empresa adoptó poner toda su inversión al deporte motor a la figura de ‘Checo’ Pérez, seguí cerca del equipo, ya que Andrés se mantuvo trabajando en el y además existía un muy buen ambiente interno. Con Matthey nos habíamos casado el 6 de octubre de 2012 y ya estábamos en planes para formar familia, pero el destino quiso otra cosa.
A nivel humano teníamos muchos puntos en común, y en lo profesional también. Ambos nos recibimos como diseñadores gráficos y compartíamos los códigos de la profesión, además disfrutábamos de la pasión por la fotografía, aunque a él le cargaba que lo llamaran fotógrafo profesional. Andrés tenía una sensibilidad muy especial, una capacidad de conversación infinita, sabía con propiedad de muchos temas y era extremadamente humilde, sencillo. Todas esas cualidades me atrajeron. Imagínate que la primera vez que concretamos una junta estuvimos charlando desde las 7 de la tarde hasta las 4 de la mañana. Era un conversador exquisito, una persona muy inteligente, un caballero antiguo con corazón de abuelito que se daba tiempo para todo, nunca se urgía con el tiempo y así era como lo veías siempre caminando tranquilamente por las calles de Ñuñoa.
Andrés no soñaba demasiado en grande, vivía del día a día y disfrutaba de lo que hacía. Me queda claro que se habría convertido en un excelente padre de familia, puesto que tenía muy buena llegada con los niños. Desde hace 10 años que Matthey no está junto a nosotros físicamente, pero es parte de mi, y eso lo saben todos, partiendo por mis dos hijos. Andrés está siempre conmigo en el corazón”.

Rodrigo Montecinos, diseñador gráfico y fotógrafo de rally nacional y mundial
“Me dejó una gran enseñanza de vida”

“Establecimos primero contacto virtual gracias a nuestro punto de encuentro en el foro de RallyChileno. Del grupo que compartíamos ahí, Andrés, y más allá de su veta como fotógrafo, era uno de los fanáticos habituales que iba a las carreras del norte como La Serena, Rancagua y Casablanca, mientras que yo estaba recién saliendo de la universidad, por lo tanto iba sólo a las carreras que me quedaban más a mano en el sur. Eso nos llevó con el paso del tiempo a datearnos mutuamente, él entregándome datos claves de los mejores sectores a fotografiar en los rally del norte y yo por contraparte dándole tips sobre los saltos o puentes que podía encontrar en las fechas del sur.

La primera vez que nos cruzamos en persona, y por iniciativa suya, fue el año 2006 en el Rally de la Cuesta Chacabuco que por entonces aún se disputaba sobre tierra, aquella fecha en que vinieron los argentinos Juan Pablo Raies y Jorge Pérez Companc con los Subaru WRC. Siempre recuerdo que le lanzaba en cara a Andrés cuánto nos empolvamos ese día soportando 36 grados de calor, y con la sombra de los autos como único protector del sol. Fue una fecha con mucho polvo, pero con buenas fotos en una geografía totalmente nueva para mi que nos sirvió para quedar en contacto permanente y establecer una relación que se fue fortaleciendo con el paso de las siguientes carreras.
Si bien ambos nos desarrollamos como diseñadores gráficos, siempre molestaba a Andrés diciéndole que el tenía más experiencia por ser cinco años mayor que yo. El año 2005, cuando recién salí de la universidad, andaba buscando cámara para ascender del nivel básico al semi pro, y en ese periodo quedaba impresionado con la capacidad de Andrés para manejarse con las cámaras Nikon y saber como resolver el tema de los lentes, enfoques, encuadres y velocidades.

Con el transcurso del tiempo comenzamos a compartir experiencias relacionadas a nuestros clientes, tanto en lo que respecta a la forma de pago como al trato, y en esas conversaciones podíamos notar que a ambos nos sucedían cosas similares. En ese sentido, cada vez que nos encontrábamos en los rally, siempre hacíamos mención a las situaciones que experimentábamos desde nuestra vereda profesional.
Con Andrés solíamos intercambiar opiniones sobre materiales gráficos de otros fotógrafos del rally mundial. Cada uno tenía su enfoque propio, tanto así que podíamos estar situados en la misma
zona y sacar fotos totalmente distintas.
En el Rally de Concepción 2012 se dio una enseñanza gracias a Andrés. Por lo general en aquel entonces durante la segunda y última pasada de las especiales cronometradas del domingo nos dedicábamos a jugar y competir haciendo cosas distintas con la cámara, ya que a esa altura estábamos listos con las imágenes que necesitábamos de los punteros de la carrera. En esas instancias siempre salían buenos aciertos. La idea preliminar era sacar dos fotos con velocidades distintas en un mismo cuadro. En el caso puntual de esa fecha nos colocamos en una línea recta en medio de unos eucaliptus con el objetivo de sacar un barrido entre esos árboles. En el final de la recta, con la misma cámara, de un barrido con 1 40 de obturación subimos a uno de 200 para capturar la foto en una curva de izquierda que se cerraba con un auto de frente, tirando barro por un lado y con las ruedas cruzadas. Nuestro desafío era tomar el barrido desde atrás y después mentalmente, sin mirar el equipo, cambiar en 2 segundos a 200 la cámara y hace tac tac, lo que nos permitía tener dos fotos del mismo auto en una misma pasada. Después comparábamos los resultados. A mi por ejemplo me salía barrido los nombres de la tripulación y la puerta, mientras que Andrés enfocaba al guardabarros o un espejo, era más extremo en su barrido.
Por el sistema de largada del RallyMobil a cada instante venían los autos más rápidos y cuando justo comenzaban a pasar los vehículos de la categoría N4 la tarjeta de la cámara me comienza a arrojar error de memoria. La otra tarjeta la tenía en la camioneta al frente del camino. Ya había tirado la toalla, pero Andrés desde el banano que siempre llevaba sacó una tarjeta SD nueva de paquete y me la facilita. Abrí el envoltorio con los dientes, la coloqué en la cámara y conseguí sacar las restantes fotos sin que me perdiera el paso de ningún solo auto. Al rally siguiente le pasé de vuelta a Andrés una tarjeta SD nueva, por lo tanto como enseñanza para la vida me quedó el hecho de andar siempre con una tarjeta de reemplazo nueva, hecho que me ha ayudado hasta el día de hoy en la vida laboral, tal como sucedió el año pasado cuando me falló la cámara cuando estaba cubriendo una vuelta ciclística en el Lago Ranco. El estar bien preparado y salir airoso de situaciones de emergencia es algo que aprendí de Andrés.
Manteníamos contacto todo el año por Google Talk, pero básicamente nos veíamos en las 7 a 8 carreras anuales del RallyMobil. Siempre estábamos dándole vuelta a los desafíos de fotografía y compartiendo experiencias sobre como actuábamos ante tal o cual situación profesional. Estuvimos cerca de concretar alguna idea, y si bien a la larga nunca trabajamos juntos, seguramente porque ambos éramos dispersos, lo cierto es que a 10 años de su partida nunca he escuchado un mal comentario sobre él. Eso demuestra que todos conocimos a la misma persona, siempre fue el mismo, un tremendo tipo, un gran amigo y personaje que andaba en todo momento de buen ánimo, con la talla a flor de labio y haciendo gala de un humor negro que compartíamos bastante junto a Claudio ‘Látigo’ Morales, otro fotógrafo con el pasábamos horas en las fechas del rally.
Sólo tengo cosas positivas que decir sobre Andrés, una persona old school que era muy efectista en su labor fotográfica, poco dado a tirar ráfagas de mil fotos, sino que atento a capturar la imagen precisa y de estar siempre preocupado del resto, cualidad que lo distinguió siempre como ser humano”.

Matías Pilasi, ex piloto del RallyMobil
“Era muy talentoso y bajo perfil”

“Tengo los mejores recuerdos de Andrés. Lo conocí cuando regresé al RallyMobil con el equipo Orión haciendo dupla junto a Pablo (Vargas Zec). Guardaba cierta similitud con Carlo de Gavardo, en el sentido que era alguien pintoresco y cercano, pero al mismo tiempo súper humilde y bajo perfil.
En primera instancia nos hicimos de sus servicios como fotógrafo, ya que ese material nos ayudaba como carta de presentación ante los auspiciadores. Era una persona muy talentosa, no solamente como gráfico, sino que además como diseñador que era su profesión. Esa capacidad la sacó a relucir en su periodo junto a Seisigma Competición, en el cual se encargó del diseño de los autos y además nos ayudó a sacarnos el máximo partido en las presentaciones que debíamos realizar ante nuestros sponsors. Hacía un trabajo integral que iba mucho más allá de la captura de imágenes.
Si me preguntan por algo distintivo de Andrés, diría que era su alegría y humor tan especial. Siempre nos reíamos mucho, le tirábamos bromas llamándolo ‘Amorito’ y pasábamos grandes momentos junto a él.
Nunca, en todo el periodo que tuvimos contacto, lo vi enojado. Uno al referirse a las personas que
ya no están tiende a destacar lo positivo, pero en el caso puntual de Matthey realmente era alguien muy especial y querible, un ser humano muy liviano, relajado y siempre con la talla a flor de piel. Siempre lo recuerdo con especial cariño”.

Andrés se encargó del diseño de los autos del equipo Entel Claro Xperia.

Pablo Vargas Zec, ex navegante del RallyMobil
“Me enseñó a ser mejor persona”

“Nos conocimos por la misma pasión que nos unió: los autos. Luego de haber estado un buen rato
fuera del rally como navegante, cuando volvimos a competir con Matías Pilasi en 2010, “Pilón” tenía identificado a Andrés por su calidad de fotos. Si bien por mi profesión conocíamos al grueso de los reporteros gráficos que iban al rally, comenzamos a seguirlo y a acercarnos a él porque se caracterizaba por retratar las carreras desde una perspectiva diferente, con ángulos y encuadres, y tomados con lentes distintos, además, a los más usados en la fotografía deportiva. Con el tiempo, se fue convirtiendo en un amigo, pero también en un miembro activo del equipo que – al paso de pocos años – construimos junto a Matías y otras personas. Su visión nos ayudó a elaborar la imagen del equipo Seisigma Competición. Y, cuando digo imagen, me refiero a toda la estética, porque no sólo se convirtió en el fotógrafo del equipo, sino también en el diseñador de toda la gráfica, incluyendo el diseño de los autos, nuestros buzos de carrera, la ropa de los mecánicos y todos los detalles que, creo, nos hicieron destacar gracias a su talento. Así que nos conocimos por las carreras de autos, y nos fuimos haciendo amigos en el camino, unidos por la pasión, que abarcaba no sólo las competencias, sino también lo profesional y una perspectiva similar de ver la vida.
A nivel profesional, Andrés destacaba por la calidad de sus fotos. No sólo se caracterizaba por presentar fotos que exhibían una intención diferente a la de sólo tomar una foto, sino que – siento- era capaz de inmortalizar momentos, como sólo algunos pocos especialistas logran hacerlo. Andrés tenía una mirada diferente, y la expresaba en sus fotos, y en todo su trabajo. Sobran los elogios de su trabajo con la cámara de fotos en la mano. Pero también destacaba haciendo trabajo más de diseño, donde era capaz de plasmar la misma estética, elegante y atractiva, en cada cosa.
En el aspecto personal, Matthey era un tipo maravilloso. Si bien a priori era algo tímido, siempre tenía – en este aspecto también- una perspectiva diferente e inteligente para aproximarse a los temas. Tenía un sentido del humor bien irónico y muy lúcido. Podría decir que se caracterizaba por ser un tipo afable, cariñoso, sincero. Si bien era ponderado a la hora de emitir opiniones, pues siempre se tomaba un segundo de reflexión – cuestión que adjudico a la sabiduría que había adquirido -, siempre tenía un juicio certero y justo. Y, sobre todo, era una persona confiable, querible, sincera y leal. Un gran, enorme amigo.
Para ser sincero, anécdotas debe haber varias, muchas, sobre todo en los rallies. Pero como clásicamente ocurre en estos casos, ¡no recuerdo ninguna a priori! Tal vez contar que hacía el arroz más graneado que he visto, y cuya receta para que quedara tan bien era, simplemente, echarle agua “al ojo”, superando siempre la medida tradicional en la que el agua duplica la cantidad de arroz. Sin embargo, sí puedo mencionar que había días en los que hablábamos varias veces por teléfono, muchas veces por larguísimos minutos y hasta llegar a la hora y superarla. Además, quienes conocíamos su relación con su esposa, Andrea, sabíamos que entre ellos se llamaban “Amorito”, denominación que algunos usábamos para denominar a Andrés, y a veces con algunos otros amigos, como Nicolás Espinoza de Racing 5 – medio con el que Matthey colaboraba -, nos “disputábamos” la “propiedad” del cariño de Matthey y el derecho de ser él el “Amorito” de uno de nosotros. El legado de Andrés parece claro: luego de una década de su partida, lo seguimos queriendo, recordando y, sobre todo, extrañando. Desde la perspectiva profesional, creo que hizo escuela y hay varios fotógrafos y reporteros gráficos que tomaron la tendencia que Andrés impuso y la mantienen vigente. Por otro lado, también impuso algunos detalles de diseño que hasta el día de hoy se mantienen, como que algunos autos del rally chileno lleven el apellido del piloto en el parachoques delantero o en alguna zona del frontal. Eso fue una creación de Matthey: no recuerdo haberlo visto en otras partes antes de eso. Y, en lo personal, me enseñó a ser mejor persona, sin dudas”.

Hemos dejado una galería con algunas fotos que Andrés hizo para RallyChileno, puedes verlas acá:

Gracias por todo Andrés…

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